.


 

 

SU PRIMER ENCUENTRO CON LA VIDA    Regresar

Guillermo Franco nació en Corrientes, Argentina, al norte de la capital del país, el 3 de Noviembre de 1976. Tiene dos hermanos y desde pequeño tuvo que separarse de sus padres, quienes decidieron divorciarse justo cuando él tenía 4 años de edad, por lo que vivió durante 11 años con su abuela.

Aunque sufrió mucho en su infancia por estar alejado de sus padres, Guille vivió muchos momentos de felicidad junto a sus hermanos gracias al fútbol.

"En plena calle armábamos los arcos –de la portería- y jugábamos al fútbol todo el día, a las canicas también, y llegaba mi abuela y nos llevaba de la oreja a la casa porque no queríamos volver pues vivíamos en nuestro mundo –dice mientras suelta tremenda carcajada-. Para nosotros no había horarios, no teníamos noción del tiempo por eso mi abuela, después de llamarnos tres o cuatro veces, nos metía ¡de la oreja a la ducha, éramos una mugre!", recuerda con nostalgia Franco.

Llegó un momento en el que el actual goleador del Monterrey se acostumbró a la vida sin sus padres pero más pronto de lo que imaginó, su papá le pidió a él y a sus hermanos que se fueran a vivir con él, pues se había casado con una mujer que tenía dos hijas. Era la oportunidad de vivir en familia nuevamente, como antes. Guillermo tenía ya 14 años, por lo que tomó la decisión de regresar con su padre.

¿LA FAMILIA O EL FUTBOL?     Regresar

El fútbol era tan solo uno de los deportes que a Franco le gustaba practicar en sus tiempos libres cuando estaba estudiando la preparatoria. El rugby, el básquetbol, la natación y el remo eran algunas otras disciplinas en las que disfrutaba competir.

Justo a los 16 años, Guille comenzó a meditar sobre su vida. Jugaba fútbol en una liga local y un día el padre de un chico con el que siempre peleaba el título de goleo, le ofreció ir a probarse al San Lorenzo, club en el que se encontraba su hijo, "me decía que yo tenía condiciones y debía aspirar a ser profesional; todo eso me dio vueltas en la cabeza y decidí hablar con mi papá y me dijo: Las oportunidades solo se dan una vez en la vida, vos pensar cuántos chicos quieren tenerla así que no la desaproveches".

Para Guille, tomar esta decisión, no fue nada fácil pues apenas se había acostumbrado a la vida familiar cuando le llegó de repente la oportunidad de probarse con las juveniles del San Lorenzo.

"En donde yo nací jugaba en un club porque me gustaba competir pero después, a los 17 años, me di cuenta de todo lo que se podía venir conmigo en un futuro.

"Todo fue muy difícil para mí añoraba tener a mis padres conmigo. Siempre me apoyaron pero los quería juntos conmigo. Así que después de tanto tiempo volver con mi papá, formar una familia y cuando más la disfrutaba me sale esta propuesta de irme a Buenos Aires a vivir solo, ya sabrás…".

Fue así como Guille hizo su maleta en donde echó apenas unos jeans, sus tachones y una chamarra, "fue hasta después cuando me cayó el 20 de que me estaba cambiando de casa y debí llevarme todo", confiesa entre risas.

"Al día siguiente, tomé el pase del club, el de la escuela y me fui. En cuanto comencé a jugar –los sábados por la noche-, tomaba el camión para ir a casa y me quedaba el domingo para después regresar ya muy tarde a la casa club... Quería estar aunque fueran horas con la familia".

"Empecé a tomar decisiones, me fue muy difícil despedirme de mi familia y sufrí mucho el primer año, lloraba bastante, no sé cuántas veces armé mi bolso para irme, dejar todo y volver a casa pero pensaba -tengo que seguir hasta las últimas consecuencias porque si me voy me lamentaré siempre porque pude haber seguido y ser un jugador profesional- y así desarmaba mis cosas de nuevo".

El cambio de actitud que tenía Guillermo Franco fue muy notable. Hasta entonces el haber salido de casa para probar suerte en el balompié argentino le salió positivo, pues cambió también su carácter el cual define como "podrido".

"El hecho de estar solo te lleva a madurar en muchos aspectos. Yo regresaba a casa y mi papá se sorprendía porque era ordenado. Un día, después de comer, levanté y limpié la mesa y mi papá me preguntó ¡¿Qué haces?! -dice mientras señala una de las mesas de El Cerrito, en donde brindó esta plática-. Y es que eso era lo que yo hacía en la casa club porque era lo que nos correspondía hacer, incluso yo lavaba mi ropa. Yo tenía un carácter muy fuerte, bastante podrido…".

BENDITAS ENCOMIENDAS   Regresar

Ya en la casa club, Guille formó parte de una nueva familia: de las Juveniles del San Lorenzo. En su primer año estuvo en la Quinta División y vivía con muchos chicos que eran nacidos en el interior de Argentina. La unión de los jóvenes era incuestionable, para muestra, basta un botón: Las encomiendas.

"Todos compartíamos cosas, hablábamos, jugábamos y siempre esperábamos a que a uno le llegara la encomienda…-dice mientras se sonroja- cuando te llegaba la encomienda, generalmente te mandaban comida y cosas típicas de la provincia de donde eras. Uno decía ¡me llegó la encomienda! e íbamos todos a recibirla como si fuera un gran acontecimiento, abríamos todos juntos la caja y había alfajores, pastas, fruta…".

"Era un momento muy lindo, porque la emoción que le daba a uno de que le llegara la encomienda era porque algo había ahí adentro que nos unía a todos, hacíamos bromas porque a veces les decíamos, -Mira lo que te mandó, tu mamá no te quiere, no te mandó nada".

En lo futbolístico, a Franco siempre le fue bien pese a que subía y bajaba de división. Cada ocasión que se vestía para jugar se preguntaba cuándo lo haría en el "Pedro Bidegain", en la cancha en donde jugaba el primer equipo; de hecho cuando veía llegar figuras al equipo sentía que las puertas se le cerraban.

En aquel tiempo, en los partidos preliminares jugaba el representativo de reservas con el que finalmente Guille jugó, fue Bicampeón y se distinguió por ser uno de los goleadores de esa generación.

Cuando el Cuerpo Técnico del San Lorenzo vio las cualidades del ahora seleccionado mexicano no dudó en subirlo a Primera División pero primero, debió pasar un trago amargo… Tan amargo, que casi deja el fútbol.

¡ME ESTÁS CORTANDO LAS PIERNAS!     Regresar

"Una vez me dieron vacaciones en Reservas y me dicen que me presente tal día porque iba a hacer la Pretemporada con la Primera", platica Guillermo mientras su tono de voz baja poco a poco.

"Voy a casa, paso 20 o más días con mi familia, pensando en lo que sería la Pretemporada y hasta con quién me tocaría la habitación. Llego a Buenos Aires, me presento el día, voy a buscar la ropa de concentración y me dice un directivo:

-No, no viajas...
Y le contesto: -¿Porqué?
-No, no puedo darte explicaciones.
-Pero escúchame, explícame, ¡Me estás matando, me estás cortando las piernas! Dime porqué no viajo...!"

Guille no recibió respuesta. Salió de la concentración que se encontraba dentro del Estadio de San Lorenzo, bajó cerca de 80 escalones hecho un mar de lágrimas y cuando entró a la casa club estalló, "Abandono el futbol, se terminó para mí porque no me pueden hacer una cosa así... Todo lo que pasé y me sacan sin darme ninguna explicación", dice.

Justo cuando tomó sus cosas para irse, el encargado de la casa club lo abordó y, al verlo llorar, le pidió que se sentara y le contara lo que ocurría. "Lo puso Dios porque no había nadie pues todos los chicos estaban fuera, yo volví ahí porque iba con los de Primera. Lloré con él y después acepté seguir".

Se fue nuevamente a casa de su padre y cuando volvió con Reservas se topó con la noticia de que iría a trabajar con la Cuarta División. Pasaron varios meses y Guillermo entabló una plática con aquel directivo que le impidió viajar con los jugadores de Primera y le confesó que había sido el mismo entrenador de Reservas quien le informó que Franco se había ido a su casa sin permiso. "Era mentira, él me dijo que iría a Pretemporada con Primera así que debía irme antes".

Y entonces, su voz comienza a cortarse y revela: "Si en ese momento encontraba a esa persona, estaría sin vida. Nunca di de qué hablar como para que me hayan mentido de esa manera y me perjudicaran. Fue tremendo. Fue el único momento que pensé en dejar de jugar".

... Y LLEGÓ EL DEBUT    Regresar

Su mente se transporta hasta el 12 de Mayo de 1996 exactamente. Ningún otro libro o papel podría ser más preciso que su memoria al momento de revivir la primera vez que se vistió con los colores del San Lorenzo y jugar su primer partido en la Primera División.

"¡Cómo olvidarlo! Jugamos a las 3:30 de la tarde en nuestra cancha contra Lanús, en el juego anterior contra Ferro fui al banco. Tenía 19 años pero tenía mucha ansiedad lo cual me llevó a cansarme y quedarme sin aire. Es indescriptible... -comenta, mientras su mirada vuelve a perderse-. Perdimos 3-2 pero en mi casa después no pude dormir de sólo pensar. Uno en la vida tiene que darlo todo y si no se dan las cosas, no se dan".

SU RECONCILIACIÓN CON DIOS   Regresar

Si había un dolor que persistía diariamente en el corazón de Guille era la separación de sus padres, por lo que su relación con Dios no era muy buena que digamos.

"Siempre le reproché a Dios el no tener a mi papá y a mi mamá, es en ese momento cuando llega una persona a hablarme del amor de Dios y yo le puse una barrera por lo que yo había pasado. El amor de padres siempre me faltó y le eché la culpa a Dios por decisiones que uno toma, fueron mis padres los que decidieron separarse y ¿Qué culpa tiene Dios de eso? Yo entendí todo después", cuenta mientras se frota las manos.

"Una vez una persona se acercó para decirme que Jesús me amaba y esas cosas, que a mí me produjeron un alto en mi vida. Me invitó a una reunión y eso para mí fue todo, conocer a Dios de una manera distinta, Dios para mí es todo y por el soy quien soy y gracias a él todo se fue dando”, fue así como Dios se convirtió en el escudo del jugador del Monterrey. “Yo tenía un carácter muy fuerte, un carácter bastante podrido por las cosas que pasé de chico y la falta de cariño y amor pero Dios lo fue moldeando y me cambió mucho".

Para cualquiera puede ser desesperante escuchar que Guille hable siempre de Dios, pero luego de darle la paz interior que necesitaba, es comprensible. Cuenta que ha habido partidos en los que algunos jugadores del equipo rival se quieren aprovechar de él, esperando que no responda a golpes o patadas solo por ser cristiano.

"Me defiendo, no soy tonto. En la cancha a veces me dicen -Sos cristiano-, sí pero no tonto, no por eso me vas a venir a pegar. Yo también me sé defender, hay que separar las cosas".

MÉXICO LINDO Y QUERIDO...   Regresar

Después de una larga travesía con el San Lorenzo, en donde fue Campeón dos veces, Franco recibió la oferta al cierre del Clausura 2002 del Monterrey. El "Káiser", Daniel Alberto Passarella pidió que este goleador portara la casaca albiazul del club regiomontano junto a sus compatriotas, Walter Erviti y Pablo Rotchen. Es en esta ciudad en donde a Guillermo Franco le cambió la vida.

"Las cosas se te van dando en la vida, cuando entendí lo que pasó en mi infancia dije que no lo cambiaría. Los momentos tristes y dolorosos te hacen fuerte y maduro", dice mientras se reacomoda en el sillón para continuar con su explicación sobre el significado de México en su vida.

"Monterrey fue una experiencia nueva. Subir al avión, pensar con qué me iba a encontrar, la gente, los directivos, la presentación... Siempre veía por la tele que presentaban a los jugadores y decía ¿Cuándo me van a presentar a mí en un equipo?".

"Yo necesitaba salir de San Lorenzo, conocer otro club pero nunca pude por equis razón. Por eso México es muy importante para mí. Me abrió las puertas para crecer profesionalmente, para hacer un nombre más fuerte de lo que tenía en Argentina, me regaló la posibilidad de tener dos hijas y de contar con el cariño de toda la gente que, en estas dimensiones, no tenía en San Lorenzo".

Pero el Guille no viajó solo a Monterrey, con él el destino le mantuvo a una persona a la que conoce muy, pero muy bien: Walter Erviti. "A Walter lo conozco desde hace mucho tiempo pues vivimos en casa club. Jugamos en Reservas, fuimos Campeones en Reservas; jugamos en Primera y fuimos Campeones, como si eso fuese poco, cuando vamos a venir acá -a Monterrey-, ¡Venimos juntos!

Me río porque en el avión le decía a Walter -No te aguanto más, me tienes podrido. No puede ser que me esté yendo a Monterrey, México y vos estés viajando conmigo, ¡No puede ser! Increíble... Es más chico que yo y en la casa club los tenía bien cortitos a todos, pero él fue muy educado, mientras a otros les tenía que dar un coscorrón".

"Soy una persona que le gustan los retos, los desafíos, el hecho de venir a Monterrey, que tenía mucho sin ser Campeón, dije -Qué bueno, vamos a matarnos para lograrlo... Hasta que vivimos el campeonato que fue impresionante, cada que me acuerdo de esa fiesta, la gente, se me pone la piel de gallina de recordar porque toda la gente estaba en la calle cuando salimos en la caravana. Ver llorar a la gente y a los chicos me hacía llorar y así será hasta el día que me muera porque fue algo muy fuerte".

Tan importante es esta ciudad para este singular jugador que hace un par de meses adoptó su nacionalidad mexicana, lo cual no cayó nada bien en el seno futbolístico.

Le pese a quien le pese, para bien o para mal, Guillermo Franco ya está trabajando con la Selección Mexicana y se estrenará en un juego oficial el sábado en el Estadio Alfonso Lastras cuando el Tricolor enfrente a Guatemala.

Dulce Moncada | MEDIO TIEMPO (corresponsal)
Entrevista Exclusiva